La caja de mis secretos

Aquello que no somos capaces de aceptar es la única causa de nuestro sufrimiento. 

Para poder vivir conscientemente, dándonos cuenta en todo momento y frente a cualquier situación de que no son las situaciones, sino
nuestros pensamientos y creencias los que determinan nuestro estado emocional. Al tener presente esta verdad fundamental, podemos entrenar el músculo de la aceptación en todas
nuestras interacciones cotidianas. Sobre todo porque
no hay mejor maestro que la vida ni mayor escuela de
aprendizaje que nuestras propias circunstancias.
El reto consiste en aprender a aceptar a los demás tal
como son y a fluir con las cosas tal como vienen.
Aceptar no quiere decir resignarse. Tampoco significa
reprimirse ni ser indiferente. Ni siquiera es sinónimo de
tolerar o estar de acuerdo. Y está muy lejos de ser un
acto de debilidad, pasotismo, dejadez o inmovilidad.
Más bien se trata de todo lo contrario. La auténtica aceptación nace de una
profunda comprensión, e implica dejar de reaccionar impulsivamente para empezar a dar la respuesta más eficiente frente a cada situación. Así es
como podemos cultivar y preservar nuestra paz interior.

Pasotismo: Actitud de desinterés e indiferencia.

 

 

De por ahí con Borjas.

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